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Salvar la salud pública

Antes de las pasadas elecciones nacionales que se celebraron el 20 de noviembre del pasado año 2011, Enrique de Diego, periodista, escritor y colaborador de diversos medios de comunicación, escribió un libro dedicado a Mariano Rajoy y titulado Para salvar a España. En este libro se describen de forma sucinta una serie de medidas que debía de tomar el hoy presidente del Gobierno para salvar al país en los «críticos y decisivos momentos que vive España».
Además de recordar la independencia del poder judicial o apuntar que las comunidades autónomas son insostenibles al igual que el estado de bienestar social tal y como está gestionado actualmente, De Diego también dice que la sanidad estatal se está viniendo abajo y entrará en quiebra a corto plazo. En este sentido, como se hace referencia en este artículo, quiero expresar mi agradecimiento al señor De Diego al basar sus reflexiones en la gestión que tuve el honor de dirigir en la Conselleria de Sanidad de la Comunidad Valenciana bajo el gobierno presidido por Eduardo Zaplana de 1995 al año 2000.
En su libro, De Diego resume la gestión de la siguiente forma y apunta que estas políticas, de las que fuimos pioneros, son la salvación del sistema de salud público en España.

Ustedes, señor Rajoy, los políticos profesionales, han hecho creer a la gente que sin su desvelo no habría sanidad. Y la verdad es que están a punto de haber generado un problema gravísimo porque la sanidad estatal se está viniendo abajo, por la ineficiencia inherente a todo lo estatal, cuando el Estado se sale de sus funciones propias. No se nos ha hecho caso a los que, durante décadas, venimos avisando de este gravísimo y previsible problema y ahora se están tomando medidas que hacen temer por la agonía o el derrumbe estrepitoso de la sanidad estatal.

Hay fórmulas experimentadas que representan ahorro y mejoran la gestión. Es el caso del llamado modelo Alzira, puesto en marcha por mi cuando fui conseller de Sanidad de la Generalitat Valenciana, entre 1996 y 2000. Médico y con dilatada experiencia empresarial -había puesto en marcha el pionero Centro de Termalismo Marino y recuperación funcional en Benicàssim – al llegar a la Conselleria de Sanidad valenciana me encontré con una plantilla de casi 50.000 personas y más de 1.000 centros sanitarios entre hospitales, centros de salud y consultorios y etc, etc. Todo ello con un presupuesto de más de medio billón de pesetas (casi el 50% del presupuesto de la Generalitat Valenciana). El 10% del presupuesto del gobierno valenciano era para farmacia.

Para realizar aquella gestión apliqué la experiencia de mi anterior gestión privada para introducir cambios de gestión que mejorasen el rendimiento económico y sanitario. Así, se creó la central de compras (para todos los hospitales). Se recurrió a las clínicas privadas, pues encontramos una lista de espera quirúrgica de 57.000 pacientes y la rebajamos a 7.000. De esta forma, llegamos a operar en clínicas privadas a más de cien mil personas a un coste inferior al de nuestros hospitales públicos. Abrimos los quirófanos por las tardes. Había 57.000 personas esperando operación de cataratas, hernias, prótesis coronarias, etc., y teníamos quirófanos cerrados.

Se introdujeron los medicamentos genéricos por primera vez en España lo que representó un ahorro de unos 3.000 millones de pesetas por año, de los de hace doce años. Todas estas innovaciones culminaron con el modelo de gestión sanitaria en el Hospital de Alzira. Desde un principio, el objetivo fue la introducción de criterios de gestión empresarial en un centro sanitario público, donde también se recurría a aquello de lo de «vuelva usted mañana» que inmortalizó Larra en el siglo XIX para describir el caos de la administración española. Debíamos, por tanto, encontrar un nuevo modelo de gestión que tuviese como objetivo principal garantizar los principios de eficacia económica al mismo tiempo que se mejorase la atención sanitaria. En el área 10, la de Alzira no existía un hospital público, lo que nos permitió introducir en ese hospital que había de construirse, lo que después se llamaría modelo Alzira. Este modelo hizo posible el cambio de modelo de gestión pública por la gestión con criterios de empresa. Tan simple como lógico: la fórmula fue, adjudicar mediante una concesión administrativa, un servicio sanitario como era el Hospital de Alzira. Los fundamentos y características del modelo Alzira fueron:
El elemento fundamental, el pago capitativo a la empresa adjudicataria (en este caso una UTE como Adeslas y cajas de ahorro valencianas). Este pago capitativo era de un 30% menos que el coste de un hospital público por persona. En el caso del Hospital de Alzira con 250 mil personas, significaba, pues, un ahorro importante de un 30% de coste por persona/año.
La empresa que ganó la adjudicación, Ribera Salud S.A., tuvo que invertir a su cargo la construcción de un magnífico y moderno hospital con habitaciones individuales, por primera vez en la Comunidad Valenciana y seguramente en España, con un coste de unos 6.000 millones de pesetas (unos 36 millones de euros). Este hospital, a los diez años, pasaba a ser propiedad de la Conselleria y por lo tanto, del patrimonio de la Generalitat.
La administración tiene, además, un control permanente sobre el funcionamiento del hospital, a través del comisionado de la Conselleria con capacidad de control e inspección. Sólo al anunciar la forma de gestión de este hospital, se produjo una reacción muy agresiva por parte de los sindicatos y por los partidos de izquierdas. Con este modelo de gestión económica y sanitaria y los genéricos, seguro que hoy las farmacias estarían cobrando al día y no hubiese sido necesario congelar las pensiones a los jubilados.

Fuente: Grupo RiberaSalud

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